Prensa Española

“No es elegante decir palabrotas ni marcas comerciales. Lo vemos en la tele”


Hablemos de la libertad de expresin. De las chorradas que se dicen en su nombre y tambin de las que no se dicen… Ms de una vez me he mordido la lengua aqu para no hablar de marcas comerciales, pues en ellas se sustenta el imperio de la publicidad, y la publicidad hay que pagarla.

No es elegante decir palabrotas ni marcas comerciales. Lo vemos en la tele. Puedo decir la marca?, pregunta un entrevistado, sospechando que la informacin queda coja si ahorra el dato. Yo mismo callo cosas que me ataen. Gustndome como me gusta hablar de m, nunca digo la colonia que uso y eso que es un detalle revelador de la personalidad. Tampoco hablo de mis bebidas. Hace tiempo quise dedicarle un artculo a Natalia Lafourcade, que nos arrullaba con la cancin Amor de mis amores. Pero no poda hablar de ella sin mencionar Coca-Cola.. Esa es otra. Para cuando pueda nombrar las marcas, he preparado un artculo sobre las afinidades de los distintos grupos de poblacin en funcin del tipo de Coca-Cola que consumen: ligth, zero o doble zero.

Cuando llegu al periodismo nadie mencionaba El Corte Ingls ni aunque fuera para bien. En aquel tiempo aconsejaban que evitramos decir El Corte Ingls y, a cambio, pusiramos “unos grandes almacenes”. Los eufemismos solapaban las marcas. Ahora, en cambio, decimos El Corte Ingls, Zara o Ikea, una marca que gusta mucho al periodismo y la literatura.

Yo tengo una asignatura pendiente con Ikea. Por varias razones. La primera, porque su publicidad es estupenda y nos lleva a incorporarla a nuestros sueos. Segundo, porque en su planteamiento mobiliario todo vale, empezando por la musica quejosa de Coque Malla y terminando en esa repblica independiente que es la casa de uno. Ikea ha paseado por todo el mundo la comodidad blanca de los suecos, que son tan universales como los japoneses y los rusos (inventores de las matrioskas, reto a la falta de espacio.)

Ikea es utilizada de forma recurrente por escritores dados al gnero del absurdo, como Juanjo Mills. Precisamente, el otro da tuve la oportunidad de seguir al escritor mientras descifraba unas puertas sin retorno y un pasillo marcha atrs.

Hablando de pasillos marcha atrs. El primer da que hice una incursin en el universo Ikea estuve a punto de perecer atrapada, pues hiperventil desesperadamente buscando la salida. Pasados unos meses repet la aventura, pero esta vez me llen los bolsillos de migas de pan… En casa ya me dicen Pulgarcita.

Conforme a los criterios de

The Trust Project


Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *