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«Operación limpieza» en los Mossos: el nuevo jefe remodela la cúpula y coloca a una comisaria como número dos


La primera medida deEduard Sallent como nuevo jefe de los Mossos ha sido cambiar a la mayoría de mandos del cuerpo por personal de su confianza. Sallent, de marcado perfil separatista y ascendido a comisario a toda prisa, no ha ha tardado ni tres días en lo que según fuentes de los Mossos es una «operación limpieza» en toda regla para adaptar el cuerpo a las exigencias de fidelidad política del departamento de Interior.

Sallent ha decidido elevar a la categoría de subjefa del cuerpo a la comisaria Cristina Manresa, que hasta el presente ejercía como jefa de la región metropolitana norte. A partir de ahora será la máxima responsable de la Comisaría Superior de Coordinación Central. El ascenso del propio Sallent ha propiciado el nombramiento de Xavier Porcuna como jefe de la Comisaría General de Información. Otro comisario, Jordi Ferret, se hace cargo de la Comisaría General Técnica y de Planificación de Seguridad.

También se ha recuperado para el departamento de investigación criminal a Rafael Comas, que ya había ejercido el puesto entre mayo de 2017 y julio de 2018. Como segunda tendrá a la comisaria Marta Fernàndez. En Asuntos Internos ha sido nombrado Jaume García Valls. Además, cambian los mandos de todas las regiones policiales catalanas, de modo que Josep Maria Estela se hace cargo de la provincia de Tarragona, Josep Lluís Rosell, de la denominada región policial central, Sergi Pla pasa a jefe de la región metropolitana norte con otra mujer, Alicia Moriana, como subjefa.

El hasta hora mando superior de los Mossos, Miquel Esquius, ha sido designado comisario jefe para la zona del Pirineo Occidental, tal como había solicitado. En cuanto a Ferran López, el que fuera jefe del cuerpo durante la aplicación del 155, los Mossos han informado de que se mantiene en la nueva estructura de la Prefectura junto al también comisario Xavier Creus, aunque sus funciones no han sido aclaradas.

Explicación oficial

La explicación oficial para estos cambios de la consejería de Interior es que se pretende «mejorar los actuales sistemas de trabajo, impulsar medidas que favorezcan la igualdad de género y la persecución de los delitos contra la libertad sexual así como la mejora en la atención a las víctimas de estos u otros delitos».

Sin embargo, las claves en los cambios no sólo son operativas y de cara al exterior. Entre los agentes hay un gran malestar por las condiciones de trabajo, las pagas y horas extras pendientes de cobro y la utilización política del cuerpo. Los nuevos mandos tendrán que hacer frente a una situación de alta conflictividad laboral y fuertes discrepancias ideológicas. El objetivo es cohesionar al cuerpo de cara al nuevo enfrentamiento con el Estado que preparan los separatistas para hacer frente a la sentencia del Tribunal Supremo sobre el golpe de Estado que se prevé para el próximo octubre.


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