Prensa Española

Javier Somalo: El juicio-trampa del 1-O


El problema ya no es la sentencia sino el juicio. A la vista está que no se debió celebrar estando el golpe de Estado intacto como se ha demostrado en la noche de este 15 de octubre. Ahora el Gobierno ve la «violencia generalizada» que no acierta a encontrar, por unanimidad, la sentencia del Tribunal Supremo, la que no halla delito de rebelión quizá porque la esperaba para más tarde. Y si alguien argumenta que lo sucedido esta noche –o lo que ha empezado a suceder–es posterior a la sentencia, pues razón de más para deducir que el juicio contra una causa que no ha concluido, es un juicio-trampa. O una burla dramática.

¿Qué hechos se han juzgado si no se paró el golpe de Estado? ¿Volvemos a instruir una nueva causa y la vestimos de causa contra el golpe? La Generalidad ha vuelto a llamar a la rebelión y la ha amparado como hizo con el 1-O y la Justicia española no ha sabido verlo porque sigue siendo un poder político aunque haya fiscales y jueces que sí hayan dado la talla por la Democracia.

Si no fuera porque la una eventual nulidad de sentencia podría beneficiar aún más a los reos, desde luego habría que pensar en promoverla. Moralmente es un juicio nulo pues se ha juzgado un delito que seguía cometiéndose durante la vista, aberración imposible de digerir. Han salido a quemar las calles en protesta por una sentencia que niega la existencia de violencia suficiente como para entrar en delito de rebelión. ¿Cabe mayor burla al ciudadano? ¿Es posible un fracaso más estrepitoso de un sistema democrático?

Esta noche del 15 al 16 de octubre las calles ardían y la violencia era nítida mientras La Moncloa guardaba silencio, quizá esperando a que terminara el partido Suecia-España. Al término, ha sido el propio Gobierno el que ha documentado con vídeos la, hasta hoy, judicialmente inexistente violencia. Y se atreve a calificarla de «violencia generalizada«. Si entre encuesta y encuesta quedara algo de vergüenza, el ministro del Interior y ex juez Fernando Grande Marlaska debería ser fulminado de su puesto sin esperar a una dimisión. Él, mejor que nadie, sabe que la Justicia debería entender de hechos probados y finalizados. El Golpe de Estado no ha hecho más que empezar y, en cuestión de seguridad y orden público, que es su competencia, se le ha ido de las manos, las mismas que antes vestían prestigiosas puñetas. Y después de Marlaska le toca el turno al aprendiz de brujo de La Moncloa, capaz de decir y desdecir con tal de que una encuesta le levante el ánimo.

El separatismo no es ni ha sido nunca pacífico. Vivió muchos años de los muertos de ETA y se ve que ahora quiere cosecha propia. No es momento para unas elecciones normales si no se actúa con la determinación que merece una democracia como la española. Queda poco tiempo para aplicar la Constitución, pero se puede hacer.

Si hay firmeza del Gobierno, hay que exigir que no sea electoral como la exhumación de Franco a cuenta de una sentencia que bien podría ejecutarse después de las elecciones. Que aplique hoy el 155 más restrictivo y duradero y apechugue con las consecuencias durante la campaña y antes de las urnas. Por una vez, le votarán o no por algo que ha hecho.


Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *