Prensa Española

Cristina Losada: Debate superado


La Universidad del País Vasco cede su espacio en la ciudad de Vitoria a una charla de dos ex presos de ETA. Dentro se les aplaude cálidamente. Son los héroes. Fuera, en el frío, medio centenar de personas protestan. Son los familiares de los asesinados por uno de los conferenciantes a los que ha querido acoger la UPV en el sagrado nombre de la libertad de expresión. Eran, los asesinados, Eugenio Lázaro Valle, jefe de la policía local de Vitoria, y Jesús Velasco Zuazola, jefe de la policía foral de Álava. Los dos tenían 46 años cuando fueron víctimas de ETA en 1980, el año en que la organización terrorista se cobró la vida de 98 personas. En el pequeño grupo que acompaña a sus familiares hay políticos del PP. Otros partidos manifestaron su rechazo a la charla o dijeron que era inoportuna o inadecuada, pero allí no están.

Están en otra parte. Están en esa parte llamada pasar página, expresión que siempre me provoca dudas: los que la emplean, cuando están leyendo y pasan página, ¿se olvidan por completo de las que han leído antes?, ¿reducen a la inexistencia las páginas anteriores?, ¿cómo lo consiguen? Están en que hay que dejarse de actitudes de confrontación. Con la página. Esa página de muerte que incomoda. Están en la impaciencia por pasarla, por ver cuándo, de una vez, la derecha –y esas víctimas por ella instrumentalizadas, remarcan– acepta que lo de ETA está superado, que ya no estamos ahí, en un pasado que es pura lápida, sino en el presente de la convivencia, en el fluir de la normalidad.

Lo ha dicho el propio Otegi, que es el hombre del mañana, el portavoz de ese estado de impaciencia con actitudes como la de protestar por la presencia de antiguos asesinos de ETA en un espacio público. Es la impaciencia con actitudes desfasadas, anacrónicas, que ya no corresponden. La impaciencia con gente que se ha encerrado en el ayer. Como dice Otegi, gente que quiere «mantenernos en un debate ya felizmente superado». Mantenernos, en primera persona del plural, porque Otegi se ha erigido en el representante del grupo transversal de hastiados con la persistencia en hablar de ETA. De los que están cansados de oír esas siglas, de que se pronuncien como si aún significaran algo.

Aquello que le parece «escandaloso» y una «catástrofe» a Otegi no es obviamente que se aplauda a los suyos. Es «la capacidad de la extrema derecha para condicionar la agenda política». Eso es todo lo que tenía que decir sobre la pequeña protesta por la charla de Abetxuko y Matanzas. Agenda de la extrema derecha. Y los hastiados coinciden plenamente con él. Mentar a ETA, organizar protestas contra antiguos etarras, recordar los atentados con más víctimas, todo eso es cosa exclusiva de la derecha y la extrema derecha. Las mismas derechas –señalan– que tanto se resisten a recordar a las víctimas del franquismo. Porque los hastiados ven lo de ETA como un debate felizmente superado, pero el de la guerra civil y la dictadura, ése no.

Son interesantes los hastiados, para empezar porque son muchos. Entre los políticos que participan de este particular cansancio los hay, claro, nacionalistas, pero los hay también socialistas. Y su impaciencia por pasar página, por borrarla, por hacer como si ETA nunca hubiera existido, no la reconocen como una agenda política. No ven ahí la agenda de los herederos de la organización terrorista ni la de aquellos a los que les interesa blanquearlos. Para pactar con ellos, por ejemplo. Pero no, para los pasapáginas, el borrado es simple ley de vida. Y, acogiéndose a esa ley, degradan a las víctimas del terrorismo al papel de tontos útiles y elevan a los terroristas a glamurosos hombres de paz y de palabra.


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